DOS POEMAS DE ANTONIO COLINAS

Hoy ecribo sobre uno de los poetas contemporáneos que más admiro, Antonio Colinas, con quien tuve el placer de pasar una mañana muy agradable a pesar del tiempo intempestivo de aquel día. Para que lo conozcáis brevemente y disfrutéis de la calidad de su poesía y también su persona, pues como él mismo señala: su poesía es su experiencia vital; y la poesía es vida, os dejo aquí un par de poemas suyos.

Que los disfrutéis ;).


 
SI A VUESTRA VIDA UN DÍA LLEGASE EL HURACÁN

Me pedís que os diga cómo sois,
a mí, que con la luz os definí;
a mí, que como a luz os contemplé.
Nada debiera haber más allá de la luz,
de esa luz vuestra.


Me pedís que os diga cómo sois,
hoy, que os extraviasteis por las salas
de un aeropuerto
y que, al andar, me pareció que ángeles
os iban alejando de mí,
más allá aún de mí.


Me pedís que os diga cómo sois,
cuando esta noche larga he velado
pensando en cómo sois,
pensando en cómo soy,
y en vuestras manos con nieve,
y en vuestros ojos con noche.
No os diré cómo sois, pues simplemente sois.



Sólo quiero, por eso,
deciros lo que habréis de recordar:
recordad y salvad vuestra quietud;
si en el norte, a la sombra temlorosa del álamo;
si en el sur, en la brisa del naranjo;
recordad cómo pasa el huracán
por el junco, y el junco no se inmuta,
y el junco no padece.
Porque el junco es flexible.



Esperad y sembrad
como siembra el viento las estrellas,
pues llegará el otoño de los frutos.
Si mantenéis en calma la mirada,
su aun en la luz sois claros,
sed muy flexibles, respirad con paz
como la luz respira.
Ni el junco, ni el aroma, ni la luz,
se quiebran.



Si a vuestra vida un día llegase el huracán,
si hoy llegó el huracán a vuestras vidas,
respirad en su furia con quietud, honradamente,
y esperad.
Ahora, más que nunca,
sed flexibles,
sed junco, aroma, luz.





LA VISITA DEL MAL

Hoy hemos recibido la visita del mal,
pero hemos decidido acogerlo
como a huésped fecundo.
Llegó el mal de repente, como cepo o veneno,
y le hemos abierto
de par en par la puerta de la casa.


Como siempre, el mal
viene ciego, desnudo, sin razón,
y aunque perros y gatos han salido huyendo,
conservamos la calma plenamente
y lo hemos conducido hasta el jardín.
Allí, el dulce día, el sol tan fuerte,
abrasaban las llagas y pesares,
resecaban la sangre en las heridas,
borraban el espeso hedor del aire.


Nos ha llegado el mal como un cuchillo airado
en sótanos de sombra,
mas casa y corazón están abiertos.
Una vez más tuvimos que poner
amor donde el amor no se encontraba.
Y no hay mordaza, dardo, aguja, hiel
que no pueda fundir la hoguera musical
que, de monte a monte, hoy propaga el otoño.


He entrado unos momentos en la casa
para sacarle el pan y la bebida
al huésped iracundo.
Quise alegrarle el corazón, poner
un poco de calor en su cara de hielo.
Con sosegada paz volví al jardín
para abrazar el mal, pero no pude,
pues lo encontré caído y moribundo
de luz y de silencio entre la hierba.



Hoy hemos recibido la visita del mal,
mas pronto hemos tenido que enterrarlo
debajo del naranjo y de su aroma,
donde zumban las abejas.
A solas nos tuvimos que beber
el vino que sacamos para el huésped,
el dulce vino del más hondo olvido.

Manu Fernández-Galiano